Esta semana que empieza el lunes 23, Theresa May se reunirá en la Casa Blanca con Donald trump. Después de recibir varios feos de Trump (el primer líder que recibió en su casa tras su victoria fue Nigel Farage, el líder de la UKIP; y además Trump dijo que deseaba que que Farage fuera nombrado embajador del reino Unido en Washington, lo cual echa por tierra todas las reglas no escritas de la diplomacia), May parece que quiere negociar un tratado de libre comercio con los EE UU. Pero eso es como estar invitado a cenar a casa de un exalcohólico y llevar una botella de vino. Nadie sabe como acabará la reunión. Después de decir de una periodista que, poco más o menos, olía a sangre de su menstruación, Trump puede soltarle cualquier fresca a May.
Trump es proteccionista, lo que significa que es menos probable que firme un tratado de libre comercio con ningún país que se vuelva pacifista. Parece que May va a cumplir un protocolo, pues desde hace décadas, cada vez que hay un nuevo inquilino en la Casa Blanca, se reune primero con el primer ministro británico. Según la BBC, May y Trump hablarán de la OTAN, de la UE y de Rusia, además del supuesto tratado de libre comercio.
Por otra parte, la May pasa por un mal momento en el que nadie ningún líder mundial habla con ella. La semana pasada pasó por el foro de Davos casi sin ser notada, pues precisamente, en este tipo de foro, se atiende básicamente a las empresas y gobiernos que están a favor del libre comercio, no a los que están en contra. Y nadie quiere ser novio de la May (RU) teniendo en cuenta que ella dejó a su novio (la UE) de los últimos 40 años. Y es que la May (RU) ya está vieja y chocha como para tener pretendientes jóvenes.
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