Presidents Have Less Power Over the Economy Than You Might Think
Neil Irving, New York Times, Miércoles 17 de enero de 2017
17/01/2017, New York Times, Neil Irving.
La reputación presidencial sube o baja con el PIB. El estado de la economía puede determinar si los presidentes son electos y si la gente guarda memoria histórica de sus éxitos o fracasos.
En los medios de comunicación a menudo usamos la salida del poder como el momento de evaluar los logros económicos del presidente que sale. Yo lo he hecho recientemente. Algunos economistas han predicho que la administración de Trump puede crear una recesión o una crisis financiera. Y los expertos han estudiado las condiciones económicas generadas por los Republicanos y los Demócratas como instrumento de predicción (Los demócratas lo han hecho mejor desde la Segunda Guerra Mundial).
Pero la realidad es que los presidentes tienen menos control sobre la economía de lo que quizá imagines. Los resultados económicos presidenciales son muy dependientes de la suerte loca del momento del ciclo en que toman posesión. Y la Casa Blanca no tiene control sobre la demografía y el avance tecnológico que influyen en la economía.
Incluso en áreas en que el presidente si tiene un poder efectivo para dar forma a la economía - el nombramiento de los gobernadores de la Reserva Federal, la dirección fiscal y los choques externos - la relación entre la acción presidencial y los resultados económicos s, a menudo, incierta, y difícil de probar.
Es en esta pecualiaridad que pensamos que es injusta la reputación de Ronald Reagan y Bill Clinton como buenos presidentes y mientras vemos la reputación también injusta de Jimmy Carter y los dos Bushes como malos presidentes.
Y si piensas que los mercados financieros como el primo hiperactivo de la economía, este marco mental te puede costar dinero.
Todos tenemos la tendencia a pensar que un presidente con cuyas políticas estamos en desacuerdo, será mal presidente para la economía y la bolsa. Pero mirar a los mercados con miradas políticas puede llevarnos a tomar malas decisiones. Pregunta a un conservador que se negó a invertir en acciones mientras el mercado ganaba un 182% durante la presidencia de Obama, o a un liberal que se puso en corto después de que Donald Trump ganara en noviembre.
Entonces, ¿qué herramientas tiene un presidente para conseguir buenos resultados económicos? Menos de las que podrías pensar. Demos una vuelta por los factores que determinan los resultados económicos -desde aquellos que son cuestión de pura suerte a aquellos que reflejan la habilidad de un presidente para supervisar la economía.
Medir el ciclo económico.
Cuando John H. W. Bush tomó posesión en enero de 1989, la tasa de desempleo estaba en el 5,4% y la expansión de los ochenta estaba cerca de su pico. Cuando Bill Clinton le sucedió en enero de 1993, la tasa de desempleo estaba en el 7,3% y cayendo, y los EE UU se estaban sacudiendo la crisis.
Un hecho tan casual como asumir el cargo en la parte baja o en la parte alta del ciclo económico puede ayudar a explicar mucho de como percibimos al presidente. Por supuesto, el señor Bush se contentó con una sola presidencia mientras que Clinton obtuvo dos.
La fortuna de Obama estuvo entre estos dos extremos. Asumió el cargo en medio de una pendiente escarpada hacia abajo. Pero algunas matemáticas simples demuestran que cuan importante es el momento de la inaguración con respecto a la recesión. Obama deja la presidencia con un crecimiento económico acumulado del 8,4% en sus 8 años en el poder.
Pero si él hubiera llegado a la Casa Blanca 13 meses antes, en diciembre de 2007, su crecimiento hubiera sido negativo del 3,4%. Si hubiera entrado en la Casa Blanca en febrero de 2010, cuando el desempleo alcanzaba su mínimo, cuando el empleo alcanzaba la cumbre, habría visto un éxito del 14% en el crecimiento del empleo en ocho años (suponiendo que en 2017 la creación de empleo sería equivalente a la de 2016).
Con claridad, cuando usted llega al poder en el fondo de una recesión y con un desempleo muy alto, usted puede "alcanzar" mucho crecimiento apenas con la curación natural de la economía. Cuando usted llega al cargo en el tope del ciclo económico, no hay ningún lugar donde ir sino hacia abajo. Esto puede presagiar malas noticias para el señor Trump, dado que la tasa de desempleo actual está en un nivel bastante bajo, el 4,7% en diciembre.
EL DESTINO ECONÓMICO Y DEMOGRÁFICO
Consideremos una de las grandes fuerzas de la economía de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial: las mujeres entrando en masa en la fuerza de trabajo. En 1948, solo el 33% de las mujeres americanas entre 25 y 54 años buscaban o tenían trabajo. En el momento en que George W. Bush asumió como presidente en enero de 2001, esta cifra había crecido hasta alrededor del 77%. Esto significa que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la economía tuvo un enorme viento de cola, ya que millones de mujeres se unieron a la fuerza de trabajo y empezaron a contribuir al PIB. Richard Nixon, Ronald Reagan y Bill Clinton no crearon esta tendencia: lo hiicieron fuerzas sociales más amplias, pero el simple hecho de que pasara hicieron que sus logros económicos presidenciales parezcan mejores.
apliquemos la misma idea a otros elementos demográicos: la generación del baby-boom entró con fuerza entre los años 1960 y 1980, pero ahora se está retirando: la generación del milenio empieza a trabajar. Puedes ver como una gran parte del crecimiento económico bajo la presidencia de un presidente cualquiera está determinado, en parte, por fuerzas que no están bajo su control.
Hay que resaltar que ninguna de estas fuerzas son parte de la historia detrás del escaso crecimiento económico de la Administración Obama y que continuará - salvo cambios sorprendentes - durante la Administración de Trump. La fuerza de trabajo ha crecido una media del 0,4% anual durante los últimos ocho años, y el Congressional Budget Office proyecta un 0,5% anual durante los próximos 4 años.
En cambio, la fuerza laboral creció una media de un 1,2% anual durante los años noventa, el último período de fuerte crecimiento.
EL PRESIDENTE NO DIRIGE LA POLÍTICA MONETARIA
Ahora vamos a áreas donde el presidente realmente tiene algo de control sobre el ciclo económico. Pero la mala noticia es que este control es indirecto.
La Reserva Federal sube y baja los tipos de interés en un esfuerzo para prevenir recesiones y mantener baja la inflación. El presidente nombra a sus siete miembros de la Junta de Gobernadores, incluido el Presidente.
El presidente puede seleccionar a personas que se alineen con él en términos filosóficos, y puede seleccionar a los gobernadores de la Fed que son los más competentes (o los menos). Pero el sistema de la Fed está diseñado para mantener la independencia de la administración, una vez que los nombramientos están hechos.
Más allá de eso, los términos son escalonados de tal modo que un presidente no nombrará necesariamente a una mayoría de los líderes de la Fed (los gobernadores de la Fed tienen un mandato de 14 años, aunque ultimamente pocos han llegado a servir tanto tiempo).
Así, cuando un presidente nombra a funcionarios de la Fed que son administradores efectivos de la política monetaria, y logran sus metas de máximo empleo, precios estables y estabilidad financiera, esto ayuda mucho a las posibilidades de un presidente de tener un impresionnate historial económico. Simplemente, no es un esfuerzo muy directo del poder.
PARA LA POLÍTICA FISCAL, HABLA CON EL CONGRESO
Esto es con frecuencia lo que pensamos cuando hablamos sobre la política económica de un presidente. Los ocupantes del Despacho Oval pueden orientar la política en materia de impuestos y prioriddes de gastos. Pero no lo pueden hacer solo. En verdad es cierto que la política fiscal y de gastos lleva la huella del presidente. Las victorias electorales del Presidente Obama le permitieron promulgar un importante estímulo fiscal en 2009 y aumentar los impuestos sobre los ricos a partir de 2013. La elección del Presidente Reagan provocó una fuerte reducción de las tasas impositivas. Diferentes resultados electorales dieron lugar a diferentes políticas fiscales.
Pero el Congreso tiene, en todo caso, mayor poder que el presidente sobre como el gobierno impone y gasta. Es casi una señal que cuando un presidente envia el proyecto de presupuesto al Congreso cada invierno, los opositores lo llaman "muerto a su llegada".
Y mientras Obama ganaba la batalla fiscal, también se enfrentó a una dura resistencia. Los recortes de asto conocidos como secuestro ocurrieron porque los republicanos tomaron el control del Congreso en 2010.
Así que, en la medida en que los impuestos y el gasto configuran el curso de a economía - y no hay duda de que lo hacen - los presidentes pueden establecer la dirección pero no dirigir la nave ellos mismos. Esta es una lección que el señor trump pronto aprenderá.
TODO LO DEMÁS AFECTA A LA ECONOMÍA - LENTAMENTE.
Hay un montón de otras áreas en las que la acción presidencial afecta el futuro económico. Nombra un campo y el presidente ejerce poder sobre él: la sanidad, la energía, las innovaciones tecnológicas, la regulación financiera, las políticas laborales, de comercio, de infraestructura de transporte, agrícola, etc. La lista no tiene fin. Incluso la política de exteriores importa: una geopolítica estable es buena para los negocios.
El tema que todas estas grandes políticas afectan al país en el largo plazo. Los beneficios de una infraestructura mejor da resultados dentro de algunos años. Los beneficios de mejores políticas educativas sematerializan a medida que los jóvenes ingresan en el mercado laboral con mejores habilidades años después.
La reputación presidencial sube o baja con el PIB. El estado de la economía puede determinar si los presidentes son electos y si la gente guarda memoria histórica de sus éxitos o fracasos.
En los medios de comunicación a menudo usamos la salida del poder como el momento de evaluar los logros económicos del presidente que sale. Yo lo he hecho recientemente. Algunos economistas han predicho que la administración de Trump puede crear una recesión o una crisis financiera. Y los expertos han estudiado las condiciones económicas generadas por los Republicanos y los Demócratas como instrumento de predicción (Los demócratas lo han hecho mejor desde la Segunda Guerra Mundial).
Pero la realidad es que los presidentes tienen menos control sobre la economía de lo que quizá imagines. Los resultados económicos presidenciales son muy dependientes de la suerte loca del momento del ciclo en que toman posesión. Y la Casa Blanca no tiene control sobre la demografía y el avance tecnológico que influyen en la economía.
Incluso en áreas en que el presidente si tiene un poder efectivo para dar forma a la economía - el nombramiento de los gobernadores de la Reserva Federal, la dirección fiscal y los choques externos - la relación entre la acción presidencial y los resultados económicos s, a menudo, incierta, y difícil de probar.
Es en esta pecualiaridad que pensamos que es injusta la reputación de Ronald Reagan y Bill Clinton como buenos presidentes y mientras vemos la reputación también injusta de Jimmy Carter y los dos Bushes como malos presidentes.
Y si piensas que los mercados financieros como el primo hiperactivo de la economía, este marco mental te puede costar dinero.
Todos tenemos la tendencia a pensar que un presidente con cuyas políticas estamos en desacuerdo, será mal presidente para la economía y la bolsa. Pero mirar a los mercados con miradas políticas puede llevarnos a tomar malas decisiones. Pregunta a un conservador que se negó a invertir en acciones mientras el mercado ganaba un 182% durante la presidencia de Obama, o a un liberal que se puso en corto después de que Donald Trump ganara en noviembre.
Entonces, ¿qué herramientas tiene un presidente para conseguir buenos resultados económicos? Menos de las que podrías pensar. Demos una vuelta por los factores que determinan los resultados económicos -desde aquellos que son cuestión de pura suerte a aquellos que reflejan la habilidad de un presidente para supervisar la economía.
Medir el ciclo económico.
Cuando John H. W. Bush tomó posesión en enero de 1989, la tasa de desempleo estaba en el 5,4% y la expansión de los ochenta estaba cerca de su pico. Cuando Bill Clinton le sucedió en enero de 1993, la tasa de desempleo estaba en el 7,3% y cayendo, y los EE UU se estaban sacudiendo la crisis.
Un hecho tan casual como asumir el cargo en la parte baja o en la parte alta del ciclo económico puede ayudar a explicar mucho de como percibimos al presidente. Por supuesto, el señor Bush se contentó con una sola presidencia mientras que Clinton obtuvo dos.
La fortuna de Obama estuvo entre estos dos extremos. Asumió el cargo en medio de una pendiente escarpada hacia abajo. Pero algunas matemáticas simples demuestran que cuan importante es el momento de la inaguración con respecto a la recesión. Obama deja la presidencia con un crecimiento económico acumulado del 8,4% en sus 8 años en el poder.
Pero si él hubiera llegado a la Casa Blanca 13 meses antes, en diciembre de 2007, su crecimiento hubiera sido negativo del 3,4%. Si hubiera entrado en la Casa Blanca en febrero de 2010, cuando el desempleo alcanzaba su mínimo, cuando el empleo alcanzaba la cumbre, habría visto un éxito del 14% en el crecimiento del empleo en ocho años (suponiendo que en 2017 la creación de empleo sería equivalente a la de 2016).
Con claridad, cuando usted llega al poder en el fondo de una recesión y con un desempleo muy alto, usted puede "alcanzar" mucho crecimiento apenas con la curación natural de la economía. Cuando usted llega al cargo en el tope del ciclo económico, no hay ningún lugar donde ir sino hacia abajo. Esto puede presagiar malas noticias para el señor Trump, dado que la tasa de desempleo actual está en un nivel bastante bajo, el 4,7% en diciembre.
EL DESTINO ECONÓMICO Y DEMOGRÁFICO
Consideremos una de las grandes fuerzas de la economía de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial: las mujeres entrando en masa en la fuerza de trabajo. En 1948, solo el 33% de las mujeres americanas entre 25 y 54 años buscaban o tenían trabajo. En el momento en que George W. Bush asumió como presidente en enero de 2001, esta cifra había crecido hasta alrededor del 77%. Esto significa que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la economía tuvo un enorme viento de cola, ya que millones de mujeres se unieron a la fuerza de trabajo y empezaron a contribuir al PIB. Richard Nixon, Ronald Reagan y Bill Clinton no crearon esta tendencia: lo hiicieron fuerzas sociales más amplias, pero el simple hecho de que pasara hicieron que sus logros económicos presidenciales parezcan mejores.
apliquemos la misma idea a otros elementos demográicos: la generación del baby-boom entró con fuerza entre los años 1960 y 1980, pero ahora se está retirando: la generación del milenio empieza a trabajar. Puedes ver como una gran parte del crecimiento económico bajo la presidencia de un presidente cualquiera está determinado, en parte, por fuerzas que no están bajo su control.
Hay que resaltar que ninguna de estas fuerzas son parte de la historia detrás del escaso crecimiento económico de la Administración Obama y que continuará - salvo cambios sorprendentes - durante la Administración de Trump. La fuerza de trabajo ha crecido una media del 0,4% anual durante los últimos ocho años, y el Congressional Budget Office proyecta un 0,5% anual durante los próximos 4 años.
En cambio, la fuerza laboral creció una media de un 1,2% anual durante los años noventa, el último período de fuerte crecimiento.
EL PRESIDENTE NO DIRIGE LA POLÍTICA MONETARIA
Ahora vamos a áreas donde el presidente realmente tiene algo de control sobre el ciclo económico. Pero la mala noticia es que este control es indirecto.
La Reserva Federal sube y baja los tipos de interés en un esfuerzo para prevenir recesiones y mantener baja la inflación. El presidente nombra a sus siete miembros de la Junta de Gobernadores, incluido el Presidente.
El presidente puede seleccionar a personas que se alineen con él en términos filosóficos, y puede seleccionar a los gobernadores de la Fed que son los más competentes (o los menos). Pero el sistema de la Fed está diseñado para mantener la independencia de la administración, una vez que los nombramientos están hechos.
Más allá de eso, los términos son escalonados de tal modo que un presidente no nombrará necesariamente a una mayoría de los líderes de la Fed (los gobernadores de la Fed tienen un mandato de 14 años, aunque ultimamente pocos han llegado a servir tanto tiempo).
Así, cuando un presidente nombra a funcionarios de la Fed que son administradores efectivos de la política monetaria, y logran sus metas de máximo empleo, precios estables y estabilidad financiera, esto ayuda mucho a las posibilidades de un presidente de tener un impresionnate historial económico. Simplemente, no es un esfuerzo muy directo del poder.
PARA LA POLÍTICA FISCAL, HABLA CON EL CONGRESO
Esto es con frecuencia lo que pensamos cuando hablamos sobre la política económica de un presidente. Los ocupantes del Despacho Oval pueden orientar la política en materia de impuestos y prioriddes de gastos. Pero no lo pueden hacer solo. En verdad es cierto que la política fiscal y de gastos lleva la huella del presidente. Las victorias electorales del Presidente Obama le permitieron promulgar un importante estímulo fiscal en 2009 y aumentar los impuestos sobre los ricos a partir de 2013. La elección del Presidente Reagan provocó una fuerte reducción de las tasas impositivas. Diferentes resultados electorales dieron lugar a diferentes políticas fiscales.
Pero el Congreso tiene, en todo caso, mayor poder que el presidente sobre como el gobierno impone y gasta. Es casi una señal que cuando un presidente envia el proyecto de presupuesto al Congreso cada invierno, los opositores lo llaman "muerto a su llegada".
Y mientras Obama ganaba la batalla fiscal, también se enfrentó a una dura resistencia. Los recortes de asto conocidos como secuestro ocurrieron porque los republicanos tomaron el control del Congreso en 2010.
Así que, en la medida en que los impuestos y el gasto configuran el curso de a economía - y no hay duda de que lo hacen - los presidentes pueden establecer la dirección pero no dirigir la nave ellos mismos. Esta es una lección que el señor trump pronto aprenderá.
TODO LO DEMÁS AFECTA A LA ECONOMÍA - LENTAMENTE.
Hay un montón de otras áreas en las que la acción presidencial afecta el futuro económico. Nombra un campo y el presidente ejerce poder sobre él: la sanidad, la energía, las innovaciones tecnológicas, la regulación financiera, las políticas laborales, de comercio, de infraestructura de transporte, agrícola, etc. La lista no tiene fin. Incluso la política de exteriores importa: una geopolítica estable es buena para los negocios.
El tema que todas estas grandes políticas afectan al país en el largo plazo. Los beneficios de una infraestructura mejor da resultados dentro de algunos años. Los beneficios de mejores políticas educativas sematerializan a medida que los jóvenes ingresan en el mercado laboral con mejores habilidades años después.
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