El sábado 28 de enero de 2017, en su octavo día de poder, Donald Trump firmó una orden ejecutiva (lo que sería un decreto del gobierno) paralizando (o suspendiendo) las visas ya admitidas y legales de ciudadanos de siete países (Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yenen e Iraq) y los reugiados de todo el mundo. También paraliza la entrada durante 90 días de los ciudadanos de esos siete países (es decir, ya no podrán pedir visas durante ese período).
Para empezar con las críticas, porqué Trump no paralizó las visas de los ciudadanos de Arabia Saudita, teniendo en cuenta que el mayor formador de integristas musulmanes (la antesala de los terrorristas islámicos) es ese país. Además, este país árabe fue el orígen de 15 de los 19 terroristas de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Naturalemente, la respuesta es el petróleo.
Hay otro problema económico: esta prohibición puede perjudicar a la industria del software de Silicon Valley (California). Pero aquí encontramos un problema muchos más profundo: EE UU no tiene bastante gente bastante bien preparada (perdonad por la repetición pero lo he hecho aposta) para ocupar puestos bien pagados de creadores de software. Pero como he dicho, este es otro problema: el del sistema educativo estadounidense que premia la mediocridad. Otro tanto podríamos hablar del Brexit.
En una entrevista televisiva, Trump afirmó que dará prioridad a los cristianos sirios, lo cual es una discriminación por religión, una medida contraria a la Constitución. El decreto crea el tope de 50.000 el número máximo de refugiados que aceptara, menos de la mitad del año anterior.
La justificación es mantener a los terroristas islámicos radicales fuera del país. Trump aludió durante la firma al hecho de que los terroristas del 11/9 consiguieron visados. Además, la orden ejecutiva se justifica en que numerosos terroristas extranjeros o nacidos en el extranjero han estado relacionados con los atentados terrorristas del pasdo, pero la verdad es que los atentados los cometen ciudadanos estadounidenses nacidos en el país, aunque de orígen extranjero. Naturalmente, ninguno de estos necesita visado.
El viernes 4 de febrero un juez federal bloquea temporalmente la orden ejecutiva. El argumento es sencillo: una orden del gobierno no puede estar por encima de la ley.
Pero la orden ejecutiva de Trump supuso la cancelación de casi 60.000 visados, y que tendrán que empezar los trámites de nuevo, lo que significa que Trump, de momento, ya ha conseguido algo, aunque sea un retraso.
Muchos emigrantes, que estaban en sus países de origen de vacaciones, son médicos, ingenieros, maestros, estudiantes, investigadores, etc. Esto, según muchas empresas, puede dañar a la economía estadounidense.
El ejecutivo recurrió a un tribunal federal, y este falló con inusitada rapidez dándole la razón al juez federal. El 5 de febrero el Tribunal de Apelaciones n° 9 falló a favor del juez federal y en contra de Trump.
La reacción de Trump ha sido de corte hitleriano, es decir, decir mentiras: "No me puedo creer que un supuesto juez ponga en peligro a nuestro país."
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