El País analiza en una editorial titulada ‘Trumpeconomics’, un salto en el vacío, no cree que Trump aplique a rajatabla su programa económico al 100 por cien.
Hay razones para un optimismo moderado. El proteccionismo enarbolado por el candidato, sus invectivas a la globalización y sus amenazas de aranceles y barreras son ideas de difícil ejecución. Ni es posible desembarazarse de los acuerdos económicos o ambientales firmados por Estados Unidos ni dentro del Partido Republicano existe un acuerdo monolítico sobre esta neurosis proteccionista que aqueja al presidente electo.
Yo no estoy en absoluto de acuerdo con la afirmación con rspecto al Partido Republicano. La victoria de Trum no ha sido la del Partido Republicano, sino la victoria de Trump. Por supuesto, Trump no puede hacer nada sin los legisladores republicanos en ambas cámaras, pero estos no se van a oponer, al menos en los dos primeros años, a un candidato que ha conectado como nadie lo ha hecho antes con su electorado, con el electorado republicano. Oponerse a Trump es oponerse a los enfervorizados fans de Trump. Yo creo que el 45° presidente de los EE UU va a aplicar su programa al 100%. Es más, Trump es capaz de hasta publicar los nombres de aquellos señadores o congresistas con sus direcciones para que sus seguidores les... escrachen. Si, he dicho esa palabra prohibida por la derecha, que los escrachen. Trump está viviendo una luna de miel con sus electore, quienes estan hartos de eso tan ambiguo que llaman el establihment.
Otra más:
Puesto que los intereses de las compañías estadounidenses en el mundo van más allá del fundamentalismo aislacionista del nuevo presidente, es probable que los lobbies actúen para mitigar las aristas más radicales del discurso.
No, my friend, no. Mi opinión es que eso no ocurrirá hasta que el electorado trumpista empiece a desconfiar de él, hasta que no empiecen a decepcionarse, hasta que no se den cuenta de que Trump no es más que un castillo de fuegos artificiales, un globo solo relleno de aires.
Pero al final de este párrafo, parece que El País se da cuenta de algo que no cuadra con la tesis de su editorial, y es la siguiente:
Aunque las amenazas vertidas contra Janet Yellen no auguran nada bueno.
A mí también se me encendió una bombilla roja en la cabeza cuando leí estas amenazas. Veremos que pasa con la Fed.
El País si se da cuenta (cualquier se da cuenta de ello) de que el plan de Trump es totalmente contradictorio. Realizar un ambicioso programa de infraestructuras es totalmente contradictorio con bajar los impuestos. La recaudación va a bajar y los gastos van a aumentar. Si bien es cierto que los gastos en infraestructuras producen, a su vez, unos ciertos ingresos (las empresas constructoras obtienen más contratos, gastan más dinero y aumentan sus pagos por el IVA; las empresas constructoras ganan más y pagan más por el impuesto sobre el beneficio de sociedades, se llame como se llame en EE UU), lo cierto es que esos aumentos no compensan, ni de lejos, el aumento de los gastos públicos. Y a mayor déficit mayor endeudamiento.
De lo poco que conozco sobre el sistema electoral de Estados Unidos, los senadores son elegidos por 6 años y se renuevan por tercios cada dos años, es decir, en estas elecciones solo se ha renovado un tercio. Los otros dos tercios, uno proviene de las elecciones legislativas de 2014, y el otro tercio, de las presidenciales de 2012. Es decir, dos tercios de los senadores no deben su puesto a Donald Trump. Los congresistas se renuevan cada dos años, es decir, si deben todos ellos su puesto a Donald Trump, pues han sido renovados todos ahora, el 8 de noviembre. Yo creo que va a ser difícil que tanto senadores como los congresistas se opongan a Donald Trump.
Seguimos:
Los tipos de interés tendrán que subir (nueva presión sobre la Reserva Federal) y el dólar tenderá a apreciarse.
Sobre lo primero estoy de acuerdo, sobre lo segundo no tanto. Bueno, en realidad, también tengo dudas sobre lo primero.
Los mismos motivos para creer que los legisladores no se opondrán a la nueva legislación trumpista, sumado a las veladas amenazas contra la Reserva Federal, me llevan a creer que la Reserva Federal tardará más en subir los tipos de interés. Si los sube muy pronto, Trump les acusará de provocar una recesión y como Poncio Pilatos, se lavará las manos asegurando que toda la culpa de la recesión es de la Reserva Federal. Y la gente le va a creer.
Conforme la recesión provocada por Trump cause estragos en la economía americana, aumentará la salida de capitales. Si la Fed, como yo creo, no sube los tipos de interés, la fuga de capitales puede aumentar. Lo impensable puede pasar: las agencias de clasificación de riesgo pueden quitarle la triple A al país.
Creo firmemente que la Fed no se va a apresurar a subir los tipos de interés. Disminuirá la reserva de monedas extranjeras para pagar el saldo negativo de la balanza de pagos.
En conclusión, los Estados Unidos puede convertirse en un país populista latino.
Esto no son más que elucubraciones mías. Espero que no se cumplan.
Hay razones para un optimismo moderado. El proteccionismo enarbolado por el candidato, sus invectivas a la globalización y sus amenazas de aranceles y barreras son ideas de difícil ejecución. Ni es posible desembarazarse de los acuerdos económicos o ambientales firmados por Estados Unidos ni dentro del Partido Republicano existe un acuerdo monolítico sobre esta neurosis proteccionista que aqueja al presidente electo.
Yo no estoy en absoluto de acuerdo con la afirmación con rspecto al Partido Republicano. La victoria de Trum no ha sido la del Partido Republicano, sino la victoria de Trump. Por supuesto, Trump no puede hacer nada sin los legisladores republicanos en ambas cámaras, pero estos no se van a oponer, al menos en los dos primeros años, a un candidato que ha conectado como nadie lo ha hecho antes con su electorado, con el electorado republicano. Oponerse a Trump es oponerse a los enfervorizados fans de Trump. Yo creo que el 45° presidente de los EE UU va a aplicar su programa al 100%. Es más, Trump es capaz de hasta publicar los nombres de aquellos señadores o congresistas con sus direcciones para que sus seguidores les... escrachen. Si, he dicho esa palabra prohibida por la derecha, que los escrachen. Trump está viviendo una luna de miel con sus electore, quienes estan hartos de eso tan ambiguo que llaman el establihment.
Otra más:
Puesto que los intereses de las compañías estadounidenses en el mundo van más allá del fundamentalismo aislacionista del nuevo presidente, es probable que los lobbies actúen para mitigar las aristas más radicales del discurso.
No, my friend, no. Mi opinión es que eso no ocurrirá hasta que el electorado trumpista empiece a desconfiar de él, hasta que no empiecen a decepcionarse, hasta que no se den cuenta de que Trump no es más que un castillo de fuegos artificiales, un globo solo relleno de aires.
Pero al final de este párrafo, parece que El País se da cuenta de algo que no cuadra con la tesis de su editorial, y es la siguiente:
Aunque las amenazas vertidas contra Janet Yellen no auguran nada bueno.
A mí también se me encendió una bombilla roja en la cabeza cuando leí estas amenazas. Veremos que pasa con la Fed.
El País si se da cuenta (cualquier se da cuenta de ello) de que el plan de Trump es totalmente contradictorio. Realizar un ambicioso programa de infraestructuras es totalmente contradictorio con bajar los impuestos. La recaudación va a bajar y los gastos van a aumentar. Si bien es cierto que los gastos en infraestructuras producen, a su vez, unos ciertos ingresos (las empresas constructoras obtienen más contratos, gastan más dinero y aumentan sus pagos por el IVA; las empresas constructoras ganan más y pagan más por el impuesto sobre el beneficio de sociedades, se llame como se llame en EE UU), lo cierto es que esos aumentos no compensan, ni de lejos, el aumento de los gastos públicos. Y a mayor déficit mayor endeudamiento.
De lo poco que conozco sobre el sistema electoral de Estados Unidos, los senadores son elegidos por 6 años y se renuevan por tercios cada dos años, es decir, en estas elecciones solo se ha renovado un tercio. Los otros dos tercios, uno proviene de las elecciones legislativas de 2014, y el otro tercio, de las presidenciales de 2012. Es decir, dos tercios de los senadores no deben su puesto a Donald Trump. Los congresistas se renuevan cada dos años, es decir, si deben todos ellos su puesto a Donald Trump, pues han sido renovados todos ahora, el 8 de noviembre. Yo creo que va a ser difícil que tanto senadores como los congresistas se opongan a Donald Trump.
Seguimos:
Los tipos de interés tendrán que subir (nueva presión sobre la Reserva Federal) y el dólar tenderá a apreciarse.
Sobre lo primero estoy de acuerdo, sobre lo segundo no tanto. Bueno, en realidad, también tengo dudas sobre lo primero.
Los mismos motivos para creer que los legisladores no se opondrán a la nueva legislación trumpista, sumado a las veladas amenazas contra la Reserva Federal, me llevan a creer que la Reserva Federal tardará más en subir los tipos de interés. Si los sube muy pronto, Trump les acusará de provocar una recesión y como Poncio Pilatos, se lavará las manos asegurando que toda la culpa de la recesión es de la Reserva Federal. Y la gente le va a creer.
Conforme la recesión provocada por Trump cause estragos en la economía americana, aumentará la salida de capitales. Si la Fed, como yo creo, no sube los tipos de interés, la fuga de capitales puede aumentar. Lo impensable puede pasar: las agencias de clasificación de riesgo pueden quitarle la triple A al país.
Creo firmemente que la Fed no se va a apresurar a subir los tipos de interés. Disminuirá la reserva de monedas extranjeras para pagar el saldo negativo de la balanza de pagos.
En conclusión, los Estados Unidos puede convertirse en un país populista latino.
Esto no son más que elucubraciones mías. Espero que no se cumplan.
PD: En otro artículo de El País titulado Las consecuencias económicas de Trump, se sigue creyendo que Trump no aplicará en su totalidad todo su programa económico.
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